Se postró a mi lado cómo un iceberg gigante, sin hacer apenas ruido y con delicadeza,le observé, orgullosa y repulsiva y comtemplé extupefacta su sonrisa fingida. Me acorraló,y me he hizo sentir enormemente insignificante.
Subió sus murallas y acercó sus ojos a los míos,haciéndo que parecieran más fríos y violentos cada segundo.
Pero yo estaba preparada y encontré en mi inesperado caparazón, un refugio para guardar la ira.
-Vete-Le ordené
Entonces ,depositó una de sus grandes manos en mi pequeña mejilla y aspiró el aire que yo misma repiraba, el ambiente se volvió frío y eléctrico y él se hizo grande y pesado a mi alrededor.
Bajé la vista evitando sus ojos y dejé de sentir el tacto de su mano en mi cara. Escuché un portazo y el sonido se coló en mis oídos , atravesó mi sesera,descolocando cada parte de mi mente y obteniendo lágrimas saladas cómo respuesta.
Me asomé a la ventana y contemplé por ultima vez cómo cruzaba aquel paso de peatones, y cómo el viento se colaba en su oscura gabardina, y la descolocaba por su absurda manía de llevarla siempre abierta.
Eché un último vistazo a su pelo y él echó un último vistazo a mí ventana.
Adios, está vez de verdad.

